La fatiga ocular rara vez viene del tiempo frente al ordenador. Viene de trabajar en condiciones que los ojos no pueden sostener sin esfuerzo. Eso sí tiene solución sencilla
Descubrir la causa
Dos personas pueden trabajar el mismo número de horas frente a una pantalla y terminar la jornada de forma muy distinta. Una llega a casa con los ojos ardiendo, otro no. La diferencia casi siempre está en cómo está organizado su espacio de trabajo: la posición del monitor, la luz que entra por la ventana, el brillo de la pantalla a distintas horas.
No hay nada mágico en eso. Cuando el entorno obliga a los ojos a compensar continuamente —por un reflejo, por un monitor demasiado alto, por un contraste excesivo— los músculos se fatigan aunque no seamos conscientes de ello. La tensión se acumula en silencio.
La buena noticia es que esa tensión se puede reducir de forma significativa con cambios que no cuestan dinero. Esta guía recoge exactamente esos cambios, sin rodeos.
Tres parámetros que puedes ajustar ahora mismo y que cambian por completo cómo responden tus ojos durante el trabajo
Extiende el brazo: la punta de los dedos debe rozar la pantalla. Si hay más espacio, acércala; si hay menos, aléjala.
El borde superior de la pantalla debe quedar a la altura de tus ojos o ligeramente por debajo. Si está más alto, el cuello se tensa hacia atrás.
La pantalla no debe brillar más que la habitación. Ajústalo cada vez que cambie la luz exterior, especialmente al mediodía y al atardecer.
Estos tres ajustes juntos pueden reducir la tensión ocular acumulada de forma considerable y se hacen en menos de cinco minutos.
Cada uno de estos elementos actúa por separado, pero cuando coinciden varios en mal estado el efecto se multiplica.
Una ventana de frente crea un contraste constante entre la pantalla y el fondo. Una ventana detrás genera reflejos en la pantalla. La posición lateral es la única que no interfiere con la visión.
Un monitor inclinado hacia adelante refleja más la luz del techo. Inclinado hacia atrás obliga a levantar la vista. El ángulo óptimo es de 10 a 20 grados hacia atrás respecto a la vertical.
Los fluorescentes que parpadean a alta frecuencia y las luces demasiado frías aumentan el cansancio sin que lo percibamos. Una lámpara de escritorio con luz cálida y difusa es mucho más amable para los ojos.
El cuello inclinado hacia adelante cambia el ángulo de visión y obliga a ajustar continuamente el enfoque. Una postura con la espalda apoyada y la cabeza neutra reduce la tensión ocular indirectamente pero de forma real.
A partir de las 17:00 el cuerpo empieza a prepararse para el descanso. Una pantalla con mucha luz azul frena ese proceso. Activar tonos más cálidos en esas horas alivia los ojos y mejora el sueño posterior.
Concentrarse en la pantalla reduce el parpadeo a un tercio de lo normal. Eso reseca la superficie del ojo progresivamente. Parpadear de forma consciente cada pocos minutos es el hábito más barato y efectivo de esta lista.