El cansancio visual se acumula en silencio. Entender cómo ocurre es el primer paso para poder evitarlo
A diferencia de un dolor de piernas después de caminar mucho, la fatiga ocular no se anuncia con señales claras al principio. Se va construyendo durante horas hasta que de repente ya es tarde.
Cuando empiezas a trabajar, los ojos están descansados y toleran bien las pequeñas imperfecciones del entorno. Si hay un reflejo leve en la pantalla, los músculos compensan sin que te des cuenta. Si el monitor está un poco alto, el cuello se adapta. Si el brillo es algo excesivo, la pupila se ajusta.
Durante las primeras dos horas, ese esfuerzo de compensación apenas se nota. Pero no es gratis: consume energía muscular y aumenta el ritmo de tensión ocular de fondo.
Los músculos del enfoque empiezan a acusar el trabajo sostenido. Si las condiciones no son buenas, la acumulación se acelera. Aparece la visión ligeramente borrosa al mirar al monitor, el picor o sequedad leve, y a veces una ligera presión alrededor de los ojos.
Es cuando la mayoría lo nota: ardor, enrojecimiento, dolor de cabeza, dificultad para concentrarse. Muchos lo atribuyen al cansancio general del día, pero en realidad buena parte de ese agotamiento viene del esfuerzo visual sostenido durante horas en condiciones inadecuadas.
Un buen entorno no elimina el esfuerzo visual, pero sí elimina todo el esfuerzo de compensación innecesario. Cuando el monitor está bien posicionado, la luz no interfiere y el brillo es el adecuado, los ojos trabajan únicamente lo que tienen que trabajar, sin extras. Esa diferencia se acumula hora a hora a lo largo del día.
Los músculos que controlan el enfoque y el movimiento ocular se fatigan con el trabajo sostenido, especialmente en condiciones de contraste alto o distancia incorrecta.
El cuello y los hombros compensan cuando la pantalla está mal posicionada. Esa tensión muscular cervical contribuye directamente a los dolores de cabeza que muchos achacaban solo al estrés.
El cerebro procesa continuamente las señales visuales. Cuando el entorno genera información inconsistente o excesiva (reflejos, parpadeo de luz, contraste extremo), ese procesamiento consume más energía de la necesaria.